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La violencia en México

SAN CARLOS, GUAYMAS.- A mitad del sexenio del presidente Peña Nieto, la violencia en México continúa incontenible.

Las estadísticas de homicidios van a la alza y 2015 luce como el año que va a superar los 20,000 crímenes relacionados con el narcotráfico, del 2014.

Este incremento  homicida tiene lugar en un escenario de fragmentación de cárteles de las aproximadamente nueve grandes organizaciones del crimen organizado, fragmentación que da lugar a algo así como 80 pequeños pero altamente militarizados grupúsculos criminales los cuales, sin tener la capacidad para hacer peligrar al Estado en sí, amenazan ahora a millones de mexicanos de una manera más directa.

Hay más secuestros y extorsiones, desde maestros universitarios hasta dueños de mascotas, perros y gatos de los que se apoderan para demandar recompensas por ellos. Extorsiones y abducciones alcanzan ya proporciones epidémicas.

Expertos en materia de seguridad como los mexicanos Alejandro Hope y Luis Astorga; funcionarios del Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos operando en México como Oscar Hagelseib, o bien el sociólogo canadiense James Creechan, autor de un libro de próxima aparición intitulado Encyclopedia of Mexican Cartels, coinciden en señalar que la violencia en algunas regiones de México “es la misma o peor” que la acontecida durante la administración del presidente Felipe Calderón, “…en abierta contradicción al escenario color de rosa pintado por el gobierno mexicano para atraer la inversión extranjera”.

“La guerra entre cárteles es por el control territorial, no sólo pelean por las rutas de la droga o los puntos de distribución –dice Hagelseib, (The Dallas Morning News, julio 3, 2015) -, el énfasis es puesto ahora en el acceso a los recursos de México, particularmente en los ductos por donde fluye la gasolina a lo largo de la frontera entre Texas y Tamaulipas, entre otros lugares”.

Factor fundamental en esta desatada violencia lo es el débil imperio de la ley. De los 102,696 homicidios perpetrados entre diciembre de 2006 y noviembre de 2012, el 70% de ellos relacionado con el tráfico de enervantes, sólo un 2 por ciento ha sido investigado y finiquitado en consignaciones, de acuerdo a un reciente reporte de Naciones Unidas.

La estrategia de Peña Nieto no varía mucho de la de Calderón. El estilo y la narrativa tienen nuevos matices, pero los resultados son los mismos. La gran diferencia estriba en que con Peña Nieto hay más control de la información y menos transparencia hacia la opinión pública. En otras palabras, la estrategia sigue sustentándose en el uso de las fuerzas armadas. Diariamente, en el país hasta 45,000 soldados y marinos patrullan las calles.

“No obstante que el régimen ha sido capaz de arrestar a numerosos cabecillas de primer nivel del narcotráfico, no se ha abocado a corregir los síntomas del problema: un inepto, corrupto y empobrecido sistema judicial”, declara Steven S. Dudley, director del tanque pensante Insight Crime, especializado en la investigación del crimen organizado en el continente americano.

Maureen Meyer, quien dirige el Proyecto México de la oficina en Washington para América Latina, enfatiza que “…es imperativo que México haga responsables a sus funcionarios de la corrupción y la comisión de delitos. Ello enviaría un claro mensaje de que el país asume con seriedad el combate al crimen”.

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